miércoles, 24 de septiembre de 2008

DIA INTERNACIONAL CONTRA LA EXPLOTACIÓN SEXUAL

Ayer se conmemoraba el Día Internacional contra la Explotación Sexual. Apenas unas reseñas en TV, con alusiones de tipo morboso, muchas de ellas cargadas de culpabilizaciones hacia las prostitutas, con varios testimonios del tipo "es mi cuerpo, hago con él lo que quiero" y escasos argumentos en pos a desmitificar y mostrar la verdadera situación de la mujer prostituida. Para colmo una serie de TV, que nos vende las "maravillas" de ese mal llamado "trabajo" que seguramente quien la ha ideado no recomendaría a su hija, pero que lo vende a las nuestras como el trabajo ideal para cualquier mujer (dinero fácil, clientes guapos, ricos y comprensivos, amor verdadero...)
Pero, ¿de qué estamos hablando?.......
Recientemente venimos asistiendo a un intenso debate sobre la legalización de la prostitución, incluso como “trabajo” contemplado legalmente como respuesta a la situación de la mujer prostituida. Las presiones ejercidas desde distintos ámbitos demandando la intervención pública, han creado la necesidad de analizar y tratar el tema de la prostitución, así como de adoptar una posición respecto al mismo. Recientemente, la Comisión Mixta de derechos de la Mujer del Congreso ha aprobado un informe que rechaza regular la prostitución.

La mayoría de los países se enfrentan a este fenómeno optando por uno de estos tres sistemas:

1. ABOLICIONISTA, el que reconoce su existencia y lucha por su erradicación,
2. PROHIBICIONISTA, el que la prohíbe y castiga,
3. REGLAMENTISTA, el que tolera y reglamenta la actividad.

El panorama generalizado de opiniones sobre esta materia no es muy alentador: por una parte, la mayoría del tejido social prefiere no definir un posicionamiento y el escaso segmento de la población que lo hace, tiene opiniones heterogéneas y muy variadas, aunque con un denominador común: la ausencia de la perspectiva de género. Sin embargo el tratamiento de la prostitución no puede realizarse sin un análisis desde la perspectiva de género.

Los datos que se manejan sobre prostitución, indican que ésta es ejercida de una forma mayoritariamente abrumadora por mujeres y niñas, mientras que los consumidores de la prostitución son mayoritariamente hombres.

Pero hay motivos serios para considerar que la forma adecuada de ayudar a las mujeres prostituidas (y a los hombres) no es por la vía de considerar la práctica de la prostitución como trabajo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) la tipifica como una de las peores formas de trabajo, igualada a la explotación infantil. Sin embargo, si la prostitución se considera un trabajo, deja de ser considerada violencia, y por ese canal semántico se cuela la justificación y normalización de una práctica denigrante.

De todos los argumentos dados en defensa de la legalización de la prostitución, ninguno de ellos se sostiene desde la perspectiva de la defensa de los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución. Lo único que realmente conseguiría es el caudal de dinero que llegaría a la Tesorería del Estado gracias al afloramiento de la importante economía subterránea que representa.

La prostitución no es una expresión de libertad sexual de la mujer, sino que tiene que ver casi siempre con la violencia, la marginación, la dificultad económica y la cultura sexista y patriarcal, según se recoge en el artículo 5.3 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. De acuerdo con estas tesis, la clave para enfrentar el problema pasa por que la sociedad recupere su capacidad de indignación ante esta forma de esclavitud que es la prostitución.

La prostitución no es el oficio más viejo del mundo, sino la forma de violencia más antigua. Se trata de un ejemplo de desigualdades de género perpetuadas. La prostitución es una explotación de género porque afecta de manera muy diferente a mujeres y a hombres, y una explotación económica porque afecta sobre todo a las mujeres con menos recursos.

La legalización de la prostitución supone enviar el mensaje a las nuevas generaciones de hombres de que las mujeres son productos sexuales.

Y contra esto hay que tomar partido, con acciones concretas , partiendo de un posicionamiento ideológico abolicionista y en completo acuerdo con el documento "Las Diez razones para no legalizar la prostitución" elaborado por la Coalición Internacional Contra el Tráfico de Mujeres, que constituye la mejor conclusión, ya que:

1. La legalización / despenalización de la prostitución es un regalo para los proxenetas, los traficantes y la industria del sexo. La legalización / despenalización de la prostitución también convierte a los prostíbulos, clubes, salones de masaje y a los otros lugares donde se ejerce la prostitución en locales legítimos donde se permite que el comercio del sexo prospere de forma legal y con pocas restricciones.
2. La legalización / despenalización de la prostitución y de la industria del sexo promueve el tráfico sexual.
3. La legalización / despenalización de la prostitución no supone un control de la industria del sexo. La expande.
4. La legalización / despenalización de la prostitución aumenta la prostitución clandestina, ilegal y la prostitución de la calle. La legalización, supuestamente, iba a sacar a las mujeres prostituidas de la calle. Muchas mujeres no quieren registrarse ni someterse a revisiones médicas, tal y como lo requiere la ley en ciertos países en los que se ha legalizado la prostitución. Por lo tanto, la legalización a menudo las conduce a la prostitución de la calle. Además, muchas mujeres eligen la prostitución de calle porque quieren evitar ser controladas y explotadas por los nuevos ''hombres de negocios'' de la industria del sexo.
5. La legalización de la prostitución y la despenalización de la industria del sexo promueve la prostitución infantil.
6. La legalización / despenalización de la prostitución no protege a las mujeres que están en la prostitución. ''En caso de proteger a alguien, protegen a los clientes''.
7. La legalización / despenalización de la prostitución aumenta la demanda de la prostitución. Incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad. Como los hombres tienen un exceso de oferta de ''servicios sexuales'', las mujeres tienen que competir en la oferta de servicios dedicándose al sexo anal, sexo sin condón, relaciones de esclavitud y dominación, y otras tendencias demandadas por los clientes.
8. La legalización / despenalización de la prostitución no promueve una mejora de la salud de las mujeres. Un sistema basado en la legalización de la prostitución en el que se obligue a las mujeres, y no a los clientes, a chequeos y certificados de salud es descaradamente discriminatorio para las mujeres. Los chequeos de salud que son ''sólo para mujeres'' no tienen ningún sentido a nivel de salud pública porque controlar a las mujeres prostituidas no las protege del SIDA o de las ETS, ya que los hombres pueden transmitir, y en un principio son los que transmiten, las enfermedades a las mujeres.
9. La legalización / despenalización de la prostitución no aumenta las posibilidades de elección de las mujeres.
10. Las mujeres que están dentro de la prostitución no quieren que se legalice o despenalice la industria del sexo.
Para situarnos, en nuestro ámbito de actuación territorial:
  • El 98% de las mujeres prostituidas en la Región de Castilla la Mancha es extranjera
  • El 60% es menor de 21 años
  • La mayoría procede a Europa del Este y América latina
  • El 78% viene engañada a través de una red de trata
  • el 90% tiene en su país de origen cargas familiares no compartidas
  • en el 78% de los casos su familia en el país de origen depende de ellas y son explotadas por sus familias.