Desde que Betty Friedan, fundadora del feminismo moderno escribiera, allá por los años 60, su libro, “La mística femenina”, donde desenmascaraba la falsa idea de que la mujer se realizaba completamente en su función de esposa, madre y reina del hogar, han cambiado muchas cosas. O tal vez no tantas....
Lo cierto, es que veinte años después todas continuamos inmersas en lo que ella denominaba “batallas sin fin”, al referirse a la lucha por el movimiento de la Igualdad entre los Sexos. Batallas, en plural, porque para nosotras son muchos los frentes abiertos y sin fin, porque es mucho el camino que nos queda por andar, aunque algunos sectores de la sociedad más conservadora, se empeñen en decir lo contrario.
Tras estos años desde la entrada en vigor de la Ley Integral contra la violencia de Género, podríamos llenar esta reflexión de interminables listas de datos numéricos, que los medios de comunicación se han ocupado de airear, unos con más criterio y objetividad que otros, avivando un debate social, que no hace sino restar protagonismo a las VICTIMAS con mayúsculas que, no son otras sino las MUJERES, muchas, que siguen padeciendo en sus propias carnes la violencia sexista, que mueren como sacrificio u ofrenda a esta sociedad patriarcal que nos asfixia, y nos convierte en abnegadas madres, esposas y floreros, no en personas libres. “Una mujer debe poder decir, y no sentirse culpable al hacerlo, ¿Quién soy? y ¿qué quiero hacer en mi vida? No se debe sentir una persona egoísta y neurótica si quiere alcanzar metas propias, que no estén relacionadas con su esposo e hijos/as”, diría Betty.
Son 29 las mujeres fallecidas, en lo que va de 2008, a causa de la violencia de género a fecha de esta reflexión, más muchas otras, que no figuran en las estadísticas, que se suicidan porque no pueden soportar la vida a la que han sido condenadas. Lo peor, que se acuse a la Ley, creada tras años de lucha reivindicativa, de haber “causado” un incremento de las muertes, por poner a los hombres contra las cuerdas. Ahí, justo donde deben estar. La argumentación, aparte de incoherente, vuelve a victimizar a las mujeres, les vuelve a enviar el mensaje de que son las culpables de lo que les ocurre, “lo normal, si denuncias a tu marido, por maltratarte, es que este te mate, porque te lo mereces”. “Cómo no va a aumentar la violencia si nos lo estáis quitando todo”... Son comentarios habituales a los que nos enfrentamos todas, a diario, tras el debate suscitado. ¿Pero de verdad alguien creía que una Ley por más justa que sea, hace Milagros? Así, borrar de un plumazo, siglos de educación sexista... Seamos serios/as, no juzguemos la Ley, dejemos actuar a la Ley y sigamos trabajando en la concienciación de la sociedad.
“Batallas”.... es cuando menos curioso que sigamos utilizando términos bélicos para definir la lucha a favor de la igualdad. Siempre me he resistido, pero lo cierto es que aunque cada vez hay mas hombres dentro de la llamada “Nueva masculinidad”, que unen sus voces a las de las mujeres, que facilitan el camino. El resto, “ejército mucho más numeroso y sanguinario”, si se me permite la metáfora, sigue viviendo la nueva situación planteada en términos de pérdida de derechos adquiridos, que siguen basando la defensa de la cultura patriarcal en cosas como la religión, la costumbre, que siguen atacando las buenas iniciativas que pueden hacer tambalear su situación, de poder, de predominio de decisión... Tienen miedo a lo desconocido, creen que ya han hecho bastantes “concesiones” (de qué os quejáis, os dejamos votar, conducir y existir, ¿qué más queréis?). La violencia de género para esos sectores no existe como tal y la definen en términos de malos entendidos y “cosas normales” dentro de la pareja. Pues no señores míos, amenazar, injutias, empujar, abofetear, el menosprecio continuado, la desvalorización continua, la discriminación sexista, etc, no son "pequeñas riñas domésticas, cosas normales en todas las parejas", sino que gracias a la Ley hoy son delitos. Por mucho ruido que quieran hacer con sus pocas “nueces”.
Parecen impermeables a las muertes, MUERTAS, en femenino, (ya hemos dicho que las justifican), al informe de la ONU (11/10/06) que alerta sobre la alarmante extensión de la violencia de género en el mundo, que afecta al menos a una de cada tres mujeres, con cifras escandalosas en todos los países, a los casi 20.000 hombres juzgados por violencia sexista en España en apenas un año, al 80% de hombres condenados por violencia de género...
Como acaba siempre el taller de feminismo de la Casa de Acogida...
“Ahora que hemos tomado conciencia, ahora que nos hemos empoderado de nosotras mismas...¡¡¡¡¡¡ Bienvenidas a la lucha!!!!”
Y añado ahora, también bienvenidos a los hombres, que han descubierto la nueva masculinidad y nos acompañan en el viaje.
Lo cierto, es que veinte años después todas continuamos inmersas en lo que ella denominaba “batallas sin fin”, al referirse a la lucha por el movimiento de la Igualdad entre los Sexos. Batallas, en plural, porque para nosotras son muchos los frentes abiertos y sin fin, porque es mucho el camino que nos queda por andar, aunque algunos sectores de la sociedad más conservadora, se empeñen en decir lo contrario.
Tras estos años desde la entrada en vigor de la Ley Integral contra la violencia de Género, podríamos llenar esta reflexión de interminables listas de datos numéricos, que los medios de comunicación se han ocupado de airear, unos con más criterio y objetividad que otros, avivando un debate social, que no hace sino restar protagonismo a las VICTIMAS con mayúsculas que, no son otras sino las MUJERES, muchas, que siguen padeciendo en sus propias carnes la violencia sexista, que mueren como sacrificio u ofrenda a esta sociedad patriarcal que nos asfixia, y nos convierte en abnegadas madres, esposas y floreros, no en personas libres. “Una mujer debe poder decir, y no sentirse culpable al hacerlo, ¿Quién soy? y ¿qué quiero hacer en mi vida? No se debe sentir una persona egoísta y neurótica si quiere alcanzar metas propias, que no estén relacionadas con su esposo e hijos/as”, diría Betty.
Son 29 las mujeres fallecidas, en lo que va de 2008, a causa de la violencia de género a fecha de esta reflexión, más muchas otras, que no figuran en las estadísticas, que se suicidan porque no pueden soportar la vida a la que han sido condenadas. Lo peor, que se acuse a la Ley, creada tras años de lucha reivindicativa, de haber “causado” un incremento de las muertes, por poner a los hombres contra las cuerdas. Ahí, justo donde deben estar. La argumentación, aparte de incoherente, vuelve a victimizar a las mujeres, les vuelve a enviar el mensaje de que son las culpables de lo que les ocurre, “lo normal, si denuncias a tu marido, por maltratarte, es que este te mate, porque te lo mereces”. “Cómo no va a aumentar la violencia si nos lo estáis quitando todo”... Son comentarios habituales a los que nos enfrentamos todas, a diario, tras el debate suscitado. ¿Pero de verdad alguien creía que una Ley por más justa que sea, hace Milagros? Así, borrar de un plumazo, siglos de educación sexista... Seamos serios/as, no juzguemos la Ley, dejemos actuar a la Ley y sigamos trabajando en la concienciación de la sociedad.
“Batallas”.... es cuando menos curioso que sigamos utilizando términos bélicos para definir la lucha a favor de la igualdad. Siempre me he resistido, pero lo cierto es que aunque cada vez hay mas hombres dentro de la llamada “Nueva masculinidad”, que unen sus voces a las de las mujeres, que facilitan el camino. El resto, “ejército mucho más numeroso y sanguinario”, si se me permite la metáfora, sigue viviendo la nueva situación planteada en términos de pérdida de derechos adquiridos, que siguen basando la defensa de la cultura patriarcal en cosas como la religión, la costumbre, que siguen atacando las buenas iniciativas que pueden hacer tambalear su situación, de poder, de predominio de decisión... Tienen miedo a lo desconocido, creen que ya han hecho bastantes “concesiones” (de qué os quejáis, os dejamos votar, conducir y existir, ¿qué más queréis?). La violencia de género para esos sectores no existe como tal y la definen en términos de malos entendidos y “cosas normales” dentro de la pareja. Pues no señores míos, amenazar, injutias, empujar, abofetear, el menosprecio continuado, la desvalorización continua, la discriminación sexista, etc, no son "pequeñas riñas domésticas, cosas normales en todas las parejas", sino que gracias a la Ley hoy son delitos. Por mucho ruido que quieran hacer con sus pocas “nueces”.
Parecen impermeables a las muertes, MUERTAS, en femenino, (ya hemos dicho que las justifican), al informe de la ONU (11/10/06) que alerta sobre la alarmante extensión de la violencia de género en el mundo, que afecta al menos a una de cada tres mujeres, con cifras escandalosas en todos los países, a los casi 20.000 hombres juzgados por violencia sexista en España en apenas un año, al 80% de hombres condenados por violencia de género...
Como acaba siempre el taller de feminismo de la Casa de Acogida...
“Ahora que hemos tomado conciencia, ahora que nos hemos empoderado de nosotras mismas...¡¡¡¡¡¡ Bienvenidas a la lucha!!!!”
Y añado ahora, también bienvenidos a los hombres, que han descubierto la nueva masculinidad y nos acompañan en el viaje.
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